Dr.Rocio De la Nuez
jueves, 22 de marzo de 2012
Examen
del abdomen.
Debe efectuarse con una iluminación adecuada y exponiendo el abdomen en
forma amplia de modo de efectuar una buena observación, desde la parte baja del
tórax hasta las regiones inguinales, pero sin exponer los genitales externos
para respetar el pudor del paciente. Este debe estar en decúbito supino y es
necesario que relaje al máximo su musculatura abdominal. Para esto conviene que
tenga sus brazos a los lados o sobre el pecho, pero en ningún caso hacia
arriba; la cabeza sobre una almohada y, eventualmente, las piernas
semiflectadas con una almohada bajo las rodillas. El examen habitualmente se
efectúa desde el lado derecho, pero conviene tener destrezas para examinar
desde ambos lados.
No hay que olvidar de examinar las regiones inguinales (p.ej.: una pequeña
hernia crural puede ser la explicación de una obstrucción intestinal).
En tiempos fríos, es necesario cuidar que las manos y el estetoscopio estén
templados de modo que el paciente no tenga sobresaltos. Puede ser necesario
lavarse las manos con agua caliente, frotárselas, o comenzar el examen palpando
sobre la camisa del paciente hasta sentir las manos más tibias y entonces
descubrir el abdomen. En personas que sufren de cosquillas conviene mover las
manos lentamente, evitando movimientos bruscos e inesperados; al principio el
examinador podría colocar su mano sobre la del paciente y comenzar a examinar
de esta forma, y después de unos instantes pasar al examen directo.
Las zonas en las cuales puede haber dolor conviene examinarlas al final.
Inspección.
Interesa ver la forma del abdomen, si existen zonas solevantadas bajo las
cuales pueda haber un proceso expansivo, los movimientos respiratorios, si
existen cicatrices o hernias. También puede ser importante fijarse en la presencia
de manchas o lesiones de la piel, en la distribución del vello, o si existe
circulación colateral anormal.
Los movimientos respiratorios se aprecian en la parte alta del abdomen. Lo
normal es que con la inspiración se produzca un abombamiento de esta zona
debido al descenso del diafragma que presiona y empuja las vísceras. En casos
de insuficiencia respiratoria o parálisis diafragmática, en vez de un
abombamiento puede ocurrir una depresión si el diafragma es arrastrado hacia
arriba por la presión negativa que se genera dentro del tórax (respiración
paradojal). En la parte alta del abdomen se puede observar, especialmente
en personas delgada, un latido transmitido desde la aorta descendente.
En ocasiones se ven unas estrías de distensión que
corresponden a rotura de fibras elásticas de la piel. Se encuentran en los
flancos y partes bajas del abdomen. Son de color blanco y ocurren en mujeres
que han tenido embarazos y en obesos que han bajado de peso. Cuando tienen una
coloración púrpura se asocian a un exceso de glucocorticoides (p.ej.: síndrome
de Cushing).
En hemorragias peritoneales puede aparecer en la región periumbilical una
coloración azulada que constituye el signo de Cullen (p.ej.:
en embarazo tubario roto). En pancreatitis aguda necrohemorrágicas, con
sangramiento hacia el retroperitoneo, puede aparecer una coloración azulada en
las regiones lumbares (signo de Grey Turner).
En personas muy delgadas es posible ver movimientos peristálticos de asas
intestinales. Esto es más evidente cuando existe una obstrucción intestinal
aguda que se asocia a distensión del intestino y aumento del peristaltismo.
El ombligo normalmente es umbilicado o plano. Cuando existe ascitis se
puede ver evertido (protruye hacia afuera). Una onfalitis es
una inflamación del ombligo que se manifiesta por enrojecimiento y secreción.
La distribución del vello pubiano es diferente en el hombre que en la
mujer. En el primero tiene una distribución romboidal, llegando hasta el
ombligo. En la mujer es de tipo triangular, sin vello hacia el obligo. Esta
distribución se altera cuando existen cuadros feminizantes en el hombre o
virilizantes en la mujer asociados a cambios hormonales.
Si existen hernias (umbilical, inguinal, crural), se hacen más evidentes
cuando la persona puja. Una eventración es la protrusión de
tejidos intraabdominales a través de zonas débiles de la musculatura abdominal
en cicatrices quirúrgicas, pero contenidas por la piel. Originan las hernias
incisionales. En una evisceración ocurre una salida de
asas intestinales fuera del abdomen por dehiscencia de la sutura de una
laparotomía o a través de una herida traumática.
A nivel de la línea media del abdomen, por encima del ombligo, puede
ocurrir un abombamiento en relación a maniobras de Valsalva (aumento de la
presión intraabdominal) por separación de los músculos rectos (diástasis de
rectos) y no tiene mayor importancia. En otros casos, puede existir un
pequeño defecto o solución de continuidad de los planos más profundos de la
pared, en dónde se puede presentar una hernia de la línea alba (o línea
blanca).
Algunas masas ubicadas en la pared abdominal se podrían hacer más notorias
al solicitar al paciente que ponga la musculatura del abdomen tensa (p.ej.:
levantando la cabeza y hombros o intentando sentarse).
Algunas cicatrices quirúrgicas que se pueden encontrar son las siguientes:
de McBurney: es una incisión en el cuadrante inferior derecho,
paralela a las fibras musculares del músculo oblicuo externo a unos 3 cm de la
espina ilíaca anterosuperior, que se usa en apendicectomías. Ocasionalmente,
especialmente en apendicitis de difícil diagnóstico o complicadas con
peritonitis, se usa una incisión paramediana derecha infraumbilidal,
que permite un mayor campo operatorio.
de Kocher: es una incisión subcostal derecha, paralela al
reborde costal, y que se usa para colecistectomías. Para esta operación también
se usa una incisión paramediana derecha supraumbilical. Actualmente
la mayoría de las colecistectomías se efectúan mediante laparoscopía y las
incisiones que se encuentran son pequeñas (en reborde del ombligo y una o dos
en cuadrante superior derecho).
Incisión mediana supraumbilical (usada para operaciones
del estómago y otras estructuras del hemiabdomen superior).
de Pfannenstiel: es una incisión arqueada por encima de la
sínfisis pubiana en el sentido del pliegue suprapúbico, que se usa para
efectuar cesáreas u operaciones ginecológicas como histerectomías. Antes era
frecuente que se hiciera una incisión mediana infraumbulical.
Las circulaciones venosas colaterales anormales que se pueden observar son
del siguiente tipo:
Porto-cava: se observa cuando está aumentada la circulación
venosa por las venas periumbilicales, debido a una obstrucción de la vena
porta, tal como ocurre en pacientes con cirrosis hepática avanzada. Las venas
irradian desde ombligo hacia la periferia y el flujo venoso sigue el mismo
sentido. Da lugar a la llamada "cabeza de medusa".
Cava-cava: es una circulación venosa colateral que se ve cuando
existe una obstrucción de la vena cava inferior; las venas se desarrollan en
las regiones laterales del abdomen y la sangre fluye en sentido ascendente.
La dirección del flujo de una vena se aprecia apoyando los
dedos índices de cada mano sobre un segmento de la vena, en un trayecto que no
reciba tributarias colaterales. Estando los dedos juntos y aplicando un poco de
presión, se separan de modo de exprimir toda la sangre del interior del
segmento. Luego se levanta uno de los dedos y se ve la rapidez con la que la
vena vuelve a llenarse de sangre: si ocurre inmediatamente, la sangre fluye en
ese sentido; si la vena permanece un tiempo colapsada, quiere decir que el dedo
que todavía la comprime impide el flujo. Se repite la maniobra levantando uno u
otro dedo hasta estar seguro de la dirección de la sangre.
La forma del abdomen puede ser diferente. Esto depende de
la edad, de la relación entre el peso y la talla, de la constitución del
cuerpo, de lo atleta o sedentaria que sea la persona y de alteraciones que
puedan existir: tumores, ascitis, meteorismo (gas aumentado en el intestino).
Normalmente tiene una forma redondeada o plana. En personas delgadas y en
decúbito dorsal se aprecia un abdomen excavado (escafoide o cóncavo).
Si se aprecia abultado se habla de un abdomen globuloso o prominente.
Cuando en decúbito supino el abdomen impresiona que se "rebalsa"
hacia los lados se le llama en alforjas; si estando de pie, se
aprecia un gran pliegue que cuelga del hemiabdomen inferior se llama en
delantal.
La presencia de tumores o masas es otra importante observación. El aumento
de volumen por un útero grávido es una situaciones bien conocida. La
característica principal es el crecimiento desde el hipogastrio hacia arriba,
con una convexidad superior. Algo parecido ocurre con una vejiga distendida que
no puede vaciarse (globo vesical). Una gran esplenomegalia podrá dar un
abultamiento en el cuadrante superior izquierdo; una hepatomegalia, en el
cuadrante superior derecho. Con frecuencia, para detectar estos abultamientos
es necesario fijarse bien, contar con una iluminación algo tangencial para que
las curvaturas en la superficie del abdomen se dibujen mejor, y solicitar al
paciente que respire profundo, de modo que al bajar el diafragma las vísceras
protruyan.
Auscultación.
Lo que se trata de auscultar son ruidos que derivan de la movilidad del
intestino y posibles soplos vasculares. Se efectúa antes de la percusión y la
palpación ya que éstas pueden alterar losruidos intestinales o ruidos
hidroaéreos. La auscultación debe ser metódica y cubrir los distintos
cuadrantes del abdomen.
Mediante la práctica, es necesario familiarizarse con las características
de los ruidos normales para poder distinguir cuándo están aumentados y cuándo
disminuidos. Como todos los sonidos, se puede distinguir frecuencia,
intensidad, tono y timbre. Lo normal es escuchar como clics o gorgoteos
regulares, entre 5 a 35 por minuto. Cuando el gorgoteo es prolongado y de tono
bajo se habla de borborigmo ("gruñidos gástricos").
En las diarreas los ruidos intestinales o hidroaéreos están aumentados en
frecuencia e intensidad.
Cuando el estómago está distendido con líquido porque existe una
obstrucción a nivel del píloro o un poco más abajo (síndrome pilórico),
o porque se ingirió una gran cantidad de líquido en las horas anteriores, al
sacudir al paciente se puede auscultar en la región epigástrica un bazuqueo
gástrico que son ruidos de tono alto semejantes a los que se escuchan
al agitar un tonel parcialmente lleno de líquido.
Cuando existe una parálisis intestinal (íleo paralítico), desaparece
el peristaltismo y con ellos, los ruidos intestinales, y se escucha un silencio
abdominal. Para concluir que los ruidos intestinales están ausentes, se
debe auscultar unos 3 a 5 minutos. Las asas intestinales se distienden con
líquido y aire; si al paciente se le sacude, se auscultan ruidos de
sucusión, semejantes al bazuqueogástrico. Habitualmente se
escuchan en todo el abdomen.
En un íleo mecánico, por obstrucción intestinal, los ruidos
están aumentados junto con la mayor actividad peristáltica. Se escuchan ruidos
de tono alto y en secuencias que aumentan junto con el incremento del dolor de
carácter cólico.
Otros ruidos que se pueden auscultar son soplos por flujos turbulentos
dentro de las arterias: aorta (en línea media, supraumbilical), renales
(paramediano supraumbilical, a cada lado), ilíacas (paramediano infraumbilical,
a cada lado), femorales (en las regiones inguinales). Pudieran escucharse mejor
con la campana del estetoscopio. En todo enfermo hipertenso se deben buscar
soplos que deriven de la estenosis de alguna de las arterias renales; se
ausculta en el epigastrio, hacia lateral, y en los ángulos costovertebrales. El
escuchar un soplo que ocurre durante la sístole solamente en la proyección de
la aorta descendente, las ilíacas o las femorales, no implica necesariamente
que exista una estenosis de la arteria; es más específico si el soplo se
escucha en la sístole y la diástole.
En mujeres embarazadas se pueden auscultar los latidos cardíacos
fetales a partir de las 16 a 18 semanas. Se escuchan mejor con una
corneta especial que usan los obstetras y matronas.
Normalmente al percutir el abdomen se escuchan ruidos sonoros que reflejan
el contenido de aire en el tubo digestivo.
Frente a un abdomen distendido, la percusión puede
ayudar a
Percusión.
diferenciar si la distensión es por acumulación de gas (meteorismo),
líquido en el peritoneo (ascitis), o un aumento de volumen anormal
(tumor, globo vesical, útero miomatoso, etc.).
Si el problema es acumulación de gas, se escucha una hipersonoridad o un
timpanismo.
Si se trata de ascitis, al percutir el abdomen estando el
paciente está decúbito supino, se delimita un área central de sonoridad normal,
rodeada por una zona periférica en los flancos e hipogastrio de sonoridad mate,
con una concavidad superior a nivel del hipogastrio. Como el líquido de la
ascitis se desplaza con los cambios de posición, se percute también el abdomen
poniendo al paciente primero en un decúbito semilateral y luego en el otro. El
líquido se desplaza hacia el nivel más bajo. Con la percusión se delimita el
cambio entre el sonido claro y el sonido mate que ocurre en los flancos. Se
deja una marca con un lápiz, que se pueda borrar. Al mirar las marcas que se
efectuaron en los flancos en cada decúbito, se puede encontrar una matidez
desplazable, que si es de más de 4 cm, sugiere la presencia de ascitis. En
un cuadro de íleo paralítico, en que se acumula líquido en las asas
intestinales, también se puede encontrar matidez desplazable. En este caso, se
deben considerar otros aspectos clínicos para hacer un diagnóstico diferencial.
Un signo que se ha usado para identificar si un paciente tiene ascitis es
el signo de la ola que consiste en dar unos golpes en un
hemiabdomen y ver si se reflejan ondas hacia el otro hemiabdomen (tal como
ocurre al lanzar una piedra en una laguna quieta que genera ondas que migran
hacia la periferia). Para evitar que las ondas que se propagan se deban a un
efecto del tejido adiposo de la pared abdominal, se coloca una mano de canto en
la línea media del abdomen. No es un signo confiable ya que tiene falsos
positivos y falsos negativos.
Si el problema es un útero aumentado de volumen o una vejiga distendida (globo
vesical), se encuentra una matidez en el hipogastrio que tiene una
convexidad de sonoridad clara superior.
En el epigastrio y la parte medial del hipocondrio izquierdo se encuentra
habitualmente una zona de mayor sonoridad que corresponde a aire contenido en
el estómago. Esto se acentúa después de ingerir una bebida gaseosa, en que se
percute timpanismo por la distensión del estómago.
En el examen del hígado, la percusión se utiliza para precisar el límite
superior, por la cara anterior: se percute desde el 3er espacio intercostal a
nivel de la línea medioclavicular y se va descendiendo; el nivel en que el
sonido para de claro a mate corresponde al hígado. Habitualmente se ubica en el
5º a 7º espacio intercostal. Debe recordarse que este nivel puede cambiar según
el paciente esté en inspiración o en espiración. Para delimitar el borde
inferior del hígado se utiliza predominantemente la palpación, aunque también
se puede usar la percusión. En este caso, se comienza percutiendo más abajo del
reborde costal y se va subiendo por la línea medioclavicular hasta encontrar el
nivel de transición entre un ruido sonoro y uno mate. Si se ha efectuado una
marca entre el límite superior e inferior del hígado, se tiene la proyección
hepática que normalmente es de 6 cm a 12 cm. Valores mayores a 12 cm
sugieren una hepatomegalia. Ocasionalmente no se encuentra la matidez hepática
por la interposición de una asa del colon entre el hígado y la pared torácica o
porque existe un neumoperitoneo (p.ej.: úlcera duodenal perforada). Al
delimitar el borde inferior del hígado con la percusión, se facilita la
palpación posterior. Con la inspiración profunda, el hígado baja unos 2 a 4 cm.
Estos cambios de la posición del hígado con la respiración deben ser
considerados al estudiar la proyección hepática de modo de
hacer la medición ya sea en inspiración o en espiración.
El bazo también se explora mediante la percusión. Se encuentra en una
posición oblicua a nivel subcostal en el hemitórax izquierdo, por detrás de la
línea medioaxilar. Se percute estando el paciente en decúbito supino tratando
de encontrar una pequeña área de matidez esplénica que puede estar entre la 6ª
y la 10ª costilla, y que en condiciones normales no sobrepasa la línea axilar
media. Si la matidez se extiende más allá de la línea axilar anterior,
existiría esplenomegalia. Posteriormente el examen debe complementarse con la
palpación del polo inferior del bazo.
Palpación.
Se comienza efectuando una palpación superficial mediante
la cual se buscan puntos dolorosos y se evalúa si la pared abdominal es
depresible. Cuando existe resistencia muscular, puede ser voluntaria o
involuntaria. En el primer caso puede deberse a tensión nerviosa, temor a
sentir dolor, frío o cosquillas. Es necesario tranquilizar al paciente y
solicitarle que se relaje. El examinador debe poner su antebrazo y mano en
posición horizontal, y los dedos van examinando ejerciendo una presión suave y
uniforme. Se recorre el abdomen en todos sus cuadrantes teniendo presente qué
se puede llegar a palpar en cada sector de acuerdo a la anatomía normal. Cuando
existe resistencia muscular involuntaria el abdomen se encuentra rígido, poco
depresible. La rigidez puede ser difusa (p.ej.: peritonitis generalizada) o
localizada (p.ej.: apendicitis aguda contenida). Algunos cuadros neurológicos
impiden al paciente relajar bien su abdomen (p.ej.: tétanos, demencia).
A continuación se efectúan una palpación profunda mediante
la cual se identifican con más detalles las estructuras intraabdominales. Es
frecuente que se pueda desencadenar una molestia al presionar sobre el ciego,
colon sigmoides, aorta, línea media bajo el xifoides. Al repetir la palpación
con cuidado es posible que la molestia no se repita. La palpación profunda se
puede efectuar con una o las dos manos. Al usar ambas manos se coloca una sobre
la otra, de modo que la de más arriba ejerce la presión y la de abajo efectúa
la palpación. En obesos esta técnica puede resultar conveniente. Algunas
personas prefieren palpar colocando una mano al lado de la otra.
Al sentir una masa se debe precisar su localización, tamaño, forma,
consistencia, sensibilidad, pulsación, movilidad y movimientos con la
respiración. Ante la duda si la masa es de la pared o intraabdominal se
solicita al paciente levantar su cabeza y hombros con lo que contrae los
músculos abdominales: si es de la pared, sigue palpándose; si es profunda, se
vuelve más difícil de sentir.
Algunas masas crecen del hipogastrio hacia arriba: vejiga distendida, tumor
ovárico, útero miomatoso. También lo hace un útero grávido. En estos casos se
palpa una masa con una convexidad superior. Otras masas tienen una localización
diferente según procedan del apéndice, del colon, ganglios retroperitoneales,
aorta, páncreas, estómago, vesícula biliar, hígado, bazo, riñones, etc. En cada
caso se debe precisar cada una de los atributos que se mencionaron más arriba.
Si existe dolor es necesario precisar su localización, irradiación,
maniobras que lo aumentan o lo disminuyen. Un examinador delicado trata de
provocar el menor dolor posible, sin perder información necesaria para el
diagnóstico. Aunque habitualmente se palpa con los dedos de la mano, algunos
dolores se localizan mejor con un sólo dedo.
Algunas afecciones tienden a doler con más frecuencia en sitios
específicos. Una apendicitis duele al presionar inmediatamente lateral al punto
medio de una línea imaginaria que se proyecta entre el ombligo y la espina
ilíaca anterosuperior. Una colecistitis aguda bajo el reborde costal derecho,
lateral al borde del músculo recto abdominal. Una diverticulitis duele en el
cuadrante inferior izquierdo.
Uno de los dolores más fuerte se deben a la irritación del peritoneo. En
estos casos puede bastar una suave presión o incluso la sacudida que se produce
al percutir para desencadenar dolor. Cuando el paciente tose, también se
desencadena dolor. En las peritonitis agudas se describe el signo del
rebote (signo de Blumberg) que consiste en un dolor que se
produce al retirar rápidamente del abdomen los dedos que examinan. Duele más al
retirar la presión que al ejercerla. Este signo se desencadena efectuando la
maniobra incluso alejado del sitio de mayor dolor.
Palpación del hígado.
Con la punta de los dedos de la mano derecha, estando el examinado a la
derecha del paciente, se va al encuentro del borde inferior del hígado mientras
el paciente efectúa una inspiración profunda por la boca. Algunas personas
prefieren hacer la misma maniobra pero con los dedos paralelos al reborde
costal y otros tratan de engancharlo orientando la mano desde el tórax hacia el
abdomen, y arqueando los dedos en el reborde costal. También puede rendir
solicitar al paciente que sostenga la respiración después de una inspiración
profunda. Otra maniobra que puede ayudar a tener un mejor rendimiento es
colocar la mano izquierda bajo la parrilla costal en la parte más baja y
presionar hacia arriba tratando de bascular el hígado. La alternativa sería
colocar la mano empuñada entre la pared costal y la superficie de la cama
formando una cuña. Por último, la información que se ha obtenido mediante la
percusión del borde inferior del hígado puede orientar la palpación.
Los dedos deben partir en búsqueda del borde hepático alejados del reborde
y al encontrarlo, deben dejar que la superficie del hígado se deslice bajo
ellos. La palpación se comienza en la línea medioclavicular y se va repitiendo
hacia el epigastrio o más allá si el lóbulo izquierdo está hipertrofiado. Esto
permite identificar las características del borde del hígado y de su
superficie, y la consistencia del tejido.
Es muy frecuente que el borde inferior del hígado no se logre palpar. Si se
palpa, debe ser firme, liso uniformemente y no doloroso. En algunas
enfermedades estas características cambian. En la cirrosis hepática el borde es
más cortante, la consistencia dura y la superficie podría encontrarse nodular.
En un tumor hepático, se puede encontrar un nódulo duro, y es frecuente que se
de en el contexto de un hígado cirrótico. Un hígado congestivo por
insuficiencia hepática es de borde romo, puede ser algo sensible, y la
consistencia firme. En una hepatitis aguda infecciosa el hígado está algo
crecido y puede ser sensible al palparlo. Ocasionalmente se palpa un lóbulo
derecho del hígado que desciende hasta al cresta ilíaca y que es una variante
anatómica sin mayor importancia (lóbulo de Riedel).
Vesícula biliar.
Normalmente no se palpa. Se localiza por debajo del borde hepático, a la
altura del borde lateral de músculo recto abdominal. Cuando se inflama (colecistitis),
al tratar de palparla se produce dolor al presionar es ese sitio al final de
una inspiración (signo de Murphy). Podría palparse una masa de bordes
poco precisos por confluencia de tejidos vecinos como el epiplón (plastrón vesicular).
La impactación de un cálculo biliar en el conducto cístico puede llevar a una
vesícula palpable (hidrops vesicular). La palpación de una vesícula que
no duele en un paciente ictérico mayor de 50 años hace plantear el diagnóstico
de un cáncer que obstruye el colédoco o la ampolla de Vater (signo de
Courvoisier). Una masa dura en relación al borde hepático puede tener
relación con un tumor canceroso de la vesícula o del hígado.
Bazo.
Solamente el polo inferior es palpable. Se examina con la mano derecha,
estando el paciente en decúbito supino y el examinador a su derecha.
Normalmente, en los adultos no se logra palpar, aunque existen excepciones. Si
es palpable, significa que está aumentado de volumen en la mayoría de los
casos. Crece hacia abajo y adelante. Los dedos de la mano que examina se
dirigen hacia el hipocondrio izquierdo, y van al encuentro del polo inferior
del bazo mientras el paciente efectúa una inspiración profunda por la boca.
Conviene no partir muy cerca del borde costal ya que un bazo grande podría
escaparse. Algunas personas prefieren además apoyar la mano izquierda bajo la
parrilla costal y presionar hacia adelante tratando de hacer el bazo más
prominente.
Se debe identificar el tamaño y la consistencia del bazo. Cuando está
crecido como respuesta a una infección (p.ej.: fiebre tifoídea, endocarditis
bacteriana) es de consistencia blanda. En procesos infiltrativos como en un
linfoma, la consistencia es mayor. En ocasiones alcanza un gran tamaño (p.ej.:
leucemia mieloide crónica). Una causa frecuente de esplenomegalia es por
hipertensión portal en el curso de una cirrosis hepática. Las hemólisis
crónicas también dan esplenomegalia.
Otra posición usada para palpar el polo inferior del
bazo es un decúbito lateral derecho, con las piernas semiflectada
Otra posición usada para palpar el polo inferior del bazo es un decúbito
lateral derecho, con las piernas semiflectadas de modo de relajar la
musculatura abdominal. El examinador se coloca detrás del paciente para palpar
el hipocondrio izquierdo con sus dedos en garra (posición de Schuster).
Riñones.
Generalmente no son palpables. Se ubican en la parte más posterior del
abdomen, retroperitoneal. En su parte superior quedan protegidos por las
costillas flotantes. El derecho es un poco más bajo que el izquierdo y su polo
inferior tiene más posibilidades de ser palpable. Existen alteraciones renales
en las que están más grandes y se logran palpar con más facilidad:
hidronefrosis, riñón poliquístico, tumor renal. Una ptosis renal
también facilita lo mismo.
Cuando se palpa con las dos manos, una por delante y otra por atrás, ayuda
a fundamentar que se trata de un riñón si se percibe contacto lumbar,
o sea, el empuje que se ejerce desde atrás se transmite hacia adelante.
Para palpar el riñón derecho estando el paciente en decúbito supino y el
examinador en el lado derecho, se coloca la mano izquierda a nivel de la región
lumbar, inmediatamente por debajo de las costillas, y la derecha, sobre el
flanco, lateral al borde del músculo recto abdominal. Se ejerce presión
logrando un efecto de "sándwich". Una maniobra que puede aumentar la
posibilidad de palpar el polo inferior es pedir al paciente que inspire
profundo por la boca y en ese momento el examinador trata de
"atrapar" el riñón con sus manos, al descender; en la espiración
libera la presión y el riñón se debiera "escapar".
Para palpar el riñón izquierdo desde el lado derecho del paciente, es
necesario colocar la mano izquierda en la fosa lumbar izquierda del paciente,
quedando con posibilidad de empujar hacia adelante, y con la mano derecha se
palpa en el flanco. La otra forma es ubicándose el examinador en el lado
izquierdo del paciente para examinar en forma parecida a lo que se hizo con el
riñón derecho. En este caso, la mano derecha del examinador se ubica en la fosa
lumbar y la izquierda palpa por el flanco.
Aorta.
Es posible palpar en personas de contextura delgada. Es frecuente sentir en
la región del epigastrio un latido transmitido de la aorta. En mayores de 50
años es importante tener una mayor preocupación por evaluar su diámetro ya que
con la edad es más frecuente encontrar dilataciones aneurismáticas. Para
evaluar este aspecto se usan las dos manos puestas en el epigastrio a cada lado
de la línea media, o ligeramente hacia la izquierda. El diámetro normal, sin
contar con la contribución de la pared abdominal, no supera los 3 cm (promedio
2,5 cm). Si se sospecha un aneurisma, conviene evaluar al paciente con una
ecotomografía.
Otros aspectos del examen abdominal.
En pacientes con ascitis se puede encontrar el signo
del témpano que se debe en gran medida a que algunas vísceras están
como flotando en el líquido del peritoneo. Esto determina que al palpar el
borde inferior del hígado o el bazo, y empujar dando como golpecitos suaves, se
siente que los dedos chocan contra algo que flota en el líquido. Otro signo que
ya se mencionó más arriba en la sección de la percusión, es el de la onda
líquida (signo de la ola) que no es confiable.
Una técnica que se ha descrito para precisar el borde inferior del hígado
consisten en colocar la membrana del estetoscopio sobre la zona hepática en la
cara anterior de la parrilla costal y con un dedo de la otra mano se rasca
ligeramente la superficie del abdomen mientras se ausculta. El rasquido se va
acercando hacia la parrilla costal y al alcanzar el borde del hígado el sonido
se intensifica.
La prueba del músculo psoas-ilíaco se usa en los casos en
que existe la sospecha que una apendicitis. Se solicita al paciente que levante
su pierna derecha estirada y el examinador le opone resistencia con una mano
apoyada sobre el muslo. El signo sería positivo si desencadena dolor en el
cuadrante inferior derecho.
Hernias de la región ínguino-crural.
Una hernia es la protrusión de tejidos (epiplón, asas
intestinales, ovario, etc.) contenidos en un saco herniario (habitualmente
formado por peritoneo), a través de un anillo u orificio. En la región
ínguino-crural se manifiestan por hernias inguinales (indirecta y directa) y
crurales (o femorales). Las hernias inguinales indirectas pasan
por el orificio inguinal profundo (lateral a los vasos epigástricos
inferiores), descienden por el canal inguinal y pueden atravesar el anillo
inguinal externo; las hernias inguinales directas aparecen por
la pared posterior del canal inguinal (medial a los vasos epigástricos
inferiores). Las hernias crurales pasan por detrás del ligamento inguinal,
medial a la vena femoral, siguiendo el curso del canal femoral. Las inguinales
se ven por encima del ligamento inguinal y las crurales por debajo de él. Cuando
una inguinal desciende hasta la cavidad escrotal constituye una hernia
ínguino-escrotal.
Las hernias pueden ser congénitas o adquiridas. Los esfuerzos físicos y la
necesidad de aumentar en forma repetida la presión intraabdominal, como ocurre
en personas constipadas o en hombres con crecimiento de la próstata, favorece
su aparición.
Habitualmente el paciente nota un abultamiento que sale especialmente al
caminar o estar de pie. También al toser o pujar. Al acostarse, tiende a
desaparecer (hernia reductible). En otras ocasiones no se logra reducir
totalmente (hernias irreductibles). Esto puede ocurrir por adherencias
que se han formado, porque es de gran tamaño y "ha perdido el derecho a
domicilio" o porque está atascada o estrangulada. Una hernia
atascada es aquella que no se puede reducir pero no tiene compromiso
de los vasos sanguíneos. Una hernia estrangulada tiene además
compromiso vascular que puede determinar una necrosis de los elementos
contenidos en el saco herniario. En este caso, que habitualmente se acompaña de
mucho dolor, no se deben efectuar maniobras para reducir el contenido al
abdomen por el riesgo de producir una peritonitis.
Las hernias inguinales indirectas son más frecuentes en niños y jóvenes de
sexo masculino. Las inguinales directas se presentan en personas mayores. Las
crurales, se ven especialmente en mujeres y tienen tendencia a atascarse con lo
que pueden producir una obstrucción intestinal.
Se comienza examinando al paciente mientras está en decúbito dorsal. Si la
hernia está afuera, es fácil de ver y palpar. De no ser así, se le solicita al
paciente que tosa o efectúe una maniobra de Valsalva para hacerla más evidente.
Otra alternativa es examinarlo de pie y que puje. En esta posición el
rendimiento del examen es mejor. Al salir la hernia se aprecia un abultamiento
y al aplicar presión con los dedos es posible reducirla nuevamente al interior
del abdomen. Cuando esto ocurre, se siente el deslizamiento del contenido del
saco herniario hacia el interior del abdomen y eventualmente se escucha el
gorgoteo de asas intestinales. Esta sensación es categórica de la existencia de
una hernia.
Otra maniobra que se puede efectuar en hernias inguinales es introducir un
dedo hacia el canal inguinal a través del anillo inguinal externo, invaginando
la piel del escroto. Este anillo normalmente no permite el paso del dedo, pero
podría estar dilatado por la presión que ha ido ejerciendo la hernia,
especialmente si es de un tamaño significativo. Cuando el paciente puja, el
saco herniario choca con el dedo. No interesa tanto distinguir entre una hernia
inguinal directa o indirecta ya que el cirujano tendrá la referencias
anatómicas en forma más confiables al momento de operar.
Las hernias crurales deben buscarse en forma muy dirigida, especialmente
frente a un cuadro sugerente de una obstrucción intestinal.
El diagnóstico diferencial se hace con adenopatías y abscesos.
Tacto rectal.
El tacto rectal debe ser considerado como parte del examen del abdomen ya
que puede aportar información valiosa.
Se puede efectuar con el paciente en distintas posiciones: (a) en decúbito
lateral, habitualmente sobre el lado izquierdo, con ambas piernas flectadas a
nivel de las caderas y rodillas, o con la extremidad de más abajo extendida y
la de más arriba semiflectada (posición de Sims); (b) estando el
paciente en decúbito dorsal con ambas extremidades inferiores flectadas y
separadas; (c) estando el paciente en decúbito ventral sobre una mesa
ginecológica, o de pie, pero flectado hacia adelante, apoyando sus manos sobre
la camilla, o en una posición genupectoral en la que se apoya sobre las
rodillas y codos. Cualquiera sea la posición elegida, se debe respetar el pudor
del paciente.
En la inspección de la región anal se aprecia el aspecto de la piel, si
existe humedad, o si se ven hemorroides externos, fisuras, orificios
fistulosos, u otras lesiones (papilomas, condilomas, etc.). Podría ser
conveniente disponer de una linterna para tener una mejor iluminación. Ante la
sospecha de un prolapso rectal se le solicita al paciente que puje. También
podrían protruir pólipos o hemorroides internos.
Examen del tórax
Caja torácica.
Anatomía. La estructura ósea de la caja torácica está formada por la
columna vertebral, 12 pares de costillas y el esternón, además de las
escápulas. Las costillas se articulan hacia atrás con la columna dorsal y
hacia delante, las primeras siete se unen al esternón y las tres siguientes,
se van uniendo entre ellas y forman del reborde costal. Las costillas 11 y 12
son “flotantes” ya que no se unen al esternón. El reborde costal derecho e
izquierdo forman un ángulo llamado ángulo costal. El esternón
está formado por el manubrio (parte superior), el cuerpo y el apéndice
xifoides (entre ambos rebordes costales, se palpa como una punta). Entre el
manubrio y el cuerpo existe un ángulo llamado ángulo de Louis (o
ángulo esternal), que es fácil de palpar. La parte anterior de la segunda
costilla, a cada lado, llega justo a este nivel. Esta es una referencia
anatómica que conviene conocer ya que palpando el ángulo de Louis uno desliza
los dedos hacia el lado y palpa la segunda costilla y desde ahí se identifica
la tercera costilla hacia abajo y así sucesivamente. Entre cada costilla se
ubica un espacio intercostal que toma el nombre de la costilla inmediatamente
por arriba. Es posible palpar fácilmente desde el segundo espacio intercostal
al sexto; más abajo es difícil porque las costillas se van juntando por
delante.
En el interior de la caja torácica se encuentran los pulmones y las
estructuras del mediastino: corazón, esófago, tráquea, ganglios linfáticos,
timo, aorta, vena cava superior e inferior.
Referencias anatómicas. Líneas: (son todas paralelas a una recta que
pasa por la columna vertebral)
por atrás: -línea vertebral: pasa por las apófisis espinosas. -líneas
escapulares (derecha e izquierda): pasa por la punta de las escápulas
por los lados: -línea axilar anterior: pasa por delante de la axila. -línea
axilar media pasa por la mitad de la axila. -línea axilar posterior:
pasa por detrás de la axila.
por delante: -línea medioesternal: pasa por la mitad del esternón. -línea
medioclavicular (derecha e izquierda): pasa por la mitad de las
clavículas
La apófisis espinosa de la séptima vértebra cervical (C7) es
habitualmente la más prominente (se nota especialmente al flectar el cuello).
La apófisis inmediatamente más abajo corresponde a la primera vértebra dorsal
(T1) y así sucesivamente hacia abajo. Conviene recordar que la punta de las
apófisis espinosas se ubica, por su anatomía, un poco más abajo que el
respectivo cuerpo vertebral. Para describir algo que está en la espalda sirve
de ayuda contar desde la apófisis espinosa de C7 y hacer la relación con la
línea que corresponda (por ejemplo, describir algo a la altura de T10 con la
línea escapular de un determinado lado).
La punta de las escápulas, en una persona de pié, con los brazos
extendidos a ambos lados del tronco, llega como al séptimo u octavo espacio
intercostal.
Otra referencia anatómica que conviene tener presente es el ángulo de
Louis que ya se describió.
Pulmones.
Anatomía. Los pulmones están cubiertos por la pleura: la pleura
visceral cubre el pulmón, y la parietal cubre la pared torácica, el diafragma
y el pericardio. Entre ambas hojas, queda un espacio virtual (cavidad
pleural) que contiene una fina capa de líquido seroso que las lubrica. La
tráquea tiene una longitud de 10 a 11 cm y un diámetro de 2 cm. El sitio en
el que se bifurca para dar origen al bronquio fuente de cada pulmón se llama carina.
Esto ocurre aproximadamente a la altura del ángulo de Louis, por delante, y
de la cuarta vértebra dorsal (T4), por atrás.
El bronquio fuente derecho es más grueso, corto y vertical; por lo mismo,
está más expuesto a la aspiración de cuerpos extraños. Los bronquios se
dividen en bronquios secundarios y después de sucesivas diviciones se llega a
los bronquíolos y los alvéolos. Es a nivel del los sacos alveolares donde
ocurre el intercambio gaseoso (se capta oxígeno que viene del aire exterior y
se libera el anhídrido carbónico que se ha ido acumulando en la sangre
venosa).
El pulmón derecho tiene tres lóbulos: superior, medio e inferior. El
pulmón izquierdo tiene dos lóbulos: superior e inferior. Una fisura oblícua,
divide el lóbulo inferior de los otros. Además, en el pulmón derecho, una
fisura horizontal separa el lóbulo superior del medio.
Por la inclinación de las fisuras que dividen los distintos lóbulos
pulmonares, el lóbulo superior se proyecta, por atrás, en la región más alta
de los pulmones (vértices pulmonares) y por delante, por la cara anterior del
tórax. En el lado derecho, el lóbulo medio se proyecta hacia adelante, desde
la cuarta costilla hacia abajo y un poco por el costado. Los lóbulos
inferiores se proyectan ocupando prácticamente toda la espalda (desde la
tercera vértebra dorsal, hacia abajo).
Respiración. Las etapas del ciclo respiratorio, son:
inspiración: etapa de expanción del tórax por acción de los músculos
respiratorios (diafragma e intercostales) y entrada de aire a los pulmones
(se crea una presión negativa intratorácica). Los
músculos escalenos, esternocleidomastoídeos y trapecio pueden participar de
los movimientos respiratorios como músculos accesorios (especialmente durante
ejercicios o en insuficiencia respiratoria). Cuando el diafragma se contrae,
empuja las vísceras abdominales y el abdomen protruye.
espiración: normalmente es un movimiento pasivo en que la misma
elasticidad de los pulmones y de la caja torácica hace salir el aire. Esta
fase también puede ser facilitada por acción muscular (intercostales y
musculatura abdominal).
Examen de tórax.
Forma del tórax: normalmente el diámetro anteroposterior es menor que el
transversal y la columna vertebral presenta la curvatura normal, sin
desviaciones a los lados. Algunas alteraciones que se pueden encontrar, son:
tórax en tonel: se caracteriza porque el diámetro anteroposterior ha
aumentado haciéndose prácticamente igual que el transversal. Se observa en
pacientes enfisematosos.
cifosis: corresponde a una acentuación de la curvatura normal de la
columna, de modo que el paciente queda encorvado.
escoliosis: es la desviación de la columna vertebral hacia los lados.
cifoscoliosis: es la combinación de los anteriores.
pectus carinatum: cuando el esternón presenta una prominencia como quilla
de barco
pectus escavatum: cuando el esternón se presenta hundido
Examen de la respiración y los
pulmones.
Inspección.
Es importante fijarse en la forma cómo el paciente respira:
si se aprecia respirando tranquilo o se nota afligido, como si le faltara
el aire (disnea)
la frecuencia respiratoria (ej: pacientes febriles pueden presentar
taquipnea)
la expasión torácica (ej.: si es una respiración de amplitud normal,
aumentada o superficial)
la ritmicidad (ej.: lo normal es que sea regular, pero podría ocurrir que
un paciente presente variaciones con se ve en la respiración de
Cheyne-Stokes)
la relación entre la inspiración y la espiración (ej: pacientes con
obstrucción bronquial presentan una espiración prolongada)
si presenta cianosis (ej: en los labios, la lengua, las mucosas, los
lechos ungueales, etc.)
tiraje: se presenta en pacientes con una obstrucción de la vía aérea alta
(ej.: estrechez a nivel de las cuerdas vocales). Por la dificultad que existe
para que el aire entre al tórax, es necesario hacer más fuerza con lo que se
genera una presión intratorácica negativa mayor y se observa una retracción a
nivel de los espacios supraesternales, intercostales y regiones subcostales.
aleteo nasal: es una apertura mayor de las alas de la nariz con cada
inspiración; es un signo de insuficiencia respiratoria que se observa con más
frecuencia en niños pequeños.
Percusión.
La percusión de los pulmones se efectúa principalmente con el método
indirecto, o sea, usando el dedo medio de una mano como plexímetro y el dedo
índice o medio de la otra mano como percutor (para revisar cómo hacerlo vea
el capítulo sobre Técnicas de Exploración). El método directo, o sea,
percutiendo con los dedos directamente sobre el tórax, ocasionalmente se usa
(por ejemplo, en pacientes con tórax hiperinsuflados).
Se recomienda percutir desde las zonas de mayor sonoridad hacia aquellas
con sonido mate. Por ejemplo, si desea delimitar las bases de los pulmones,
conviene percutir desde el área ventiladas de los pulmones en dirección al
abdomen. Cuando el ruido cambia de sonoro a mate, se estaría pasando de un
tejido que contiene aire a otro que no lo contiene. Normalmente, la base
derecha es más alta que la izquierda (por la ubicación del hígado).
El desplazamiento del diafragma se evalúa percutiendo las bases
pulmonares mientras el paciente respira normal, y luego, repitiendo la
maniobra después de haberle solicitado que respire profundo. Lo habitual es
un desplazamiento de 4 a 6 cm.
Cuando existe una condensación pulmonar o un derrame pleural se escucha
un sonido mate en la zona comprometida.
Si al percutir la base pulmonar de un lado se encuentra una matidez
(estando el paciente sentado o de pié), puede ocurrir:
si se trata de un derrame pleural: la matidez tiende a ascender hacia el
costado, formando lo que se ha llamado la curva de Damoiseau. Además, muchas
veces tiene un carácter más duro por lo que se ha llamado matidez hídrica (es
una característica difícil de constatar). Una maniobra que puede ayudar a
ratificar que se trata de un derrame pleural es poner al paciente sobre un
costado y volver a percutir: se debería desplazar el líquido hacia el
mediastino y, debido a esto, áreas que antes se percutían mate, ahora se
percuten sonoras (esto es válido siempre que el derrame no esté tabicado).
si se trata de una condensación pulmonar del lóbulo inferior (ej.:
neumonía o atelectasia extensa): se encuentra una matidez que no describe la
curva de Damoiseau.
• si se trata de un ascenso del diafragma (porque una masa intraabdominal
lo empuja hacia arriba o porque está paralizado): también se encuentra una matidez,
pero no va a ser posible constatar el desplazamiento del diafragma con la
respiración.
si se trata de un pneumotórax: la percusión será sonora, e incluso, en la
medida que el aire en el espacio pleural esté a tensión, puede encontrarse
hipersonoridad o timpanismo.
"si se trata de un pulmón con más cantidad de aire, como ocurre en
pacientes enfisematosos o cursando una crisis asmática: se encuentra un ruido
sonoro a la percusión. Además las bases pulmonares tienden a estar
descendidas.
Palpación.
Al poner la mano sobre el tórax mientras el paciente habla, se siente un
discreto cosquilleo en la mano. Esto se debe a vibraciones que se general al
interior del tórax. Para hacer más nítida esta sensación, habitualmente se le
pide al paciente que diga algunas palabras, como treinta y tres,
tinguiririca, etc. La mano se aplica especialmente sobre las zonas más
cercanas a los pulmones (espalda, costados, cara anterior) y se apoya abierta
en toda su extensión o se “ahueca” (como formando una concha acústica), apoyando
el borde externo o cubital. Es de mucha utilidad comparar las vibraciones
vocales, que es el término que habitualmente se usa, de uno y otro lado.
La facilidad con que se palpen estas vibraciones vocales va a depender de
varios aspectos:
el tono de la voz
la fuerza con que la persona habla
la zona que se palpa (por ejemplo, cerca de la tráquea se siente más
nítido)
el grosor de la pared torácica (que depende fundamentalmente de la grasa
subcutánea)
la integridad del tejido pulmonar (por ejemplo, en los enfisemas, el
parénquima pulmonar está diminuido, existe más aire “atrapado”, y las
vibraciones se sienten más débiles)
elementos que se interponen entre los grandes bronquios y la pared del
tórax (por ejemplo, en condensaciones, como ocurre con las neumonías, se
transmiten mejor las vibraciones vocales; en cambio, cuando existe líquido,
como ocurre en los derrames pleurales, o cuando se interpone aire, como
ocurre en los pneumotórax, las vibraciones vocales se palpan menos o
simplemente, no se palpan.
Ocasionalmente, en algunos pacientes sometidos a procedimientos (ej.:
instalación de un tubo pleural), filtra aire al tejido subcutáneo y al palpar
la pared se palpan unas crepitaciones. Esto se llama enfisema
subcutáneo (tenga presente que no tiene relación con el llamado enfisema
pulmonar, que es un daño de los pulmones; y respeco a las “crepitaciones”
que se palpan, no tienen relación con unos ruidos pulmonares que llevan el
mismo nombre y que se describen más adelante).
Información que se obtiene al complementar la información obtenida con la
percusión y la palpación:
en el caso de los derrames pleurales: se encuentra matidez a la percusión
(eventualmente con curva de Damoiseau) con disminución de las vibraciones
vocales a la palpación.
en el caso de condensaciones pulmonares: se encuentra matidez en la
percusión con aumento de la transmisión de las vibraciones vocales en la
palpación.
en el caso de una atelectasia: se comporta parecido a un derrame pleural
(pero no se da una curva de Damoiseau)
en el caso de un hemidiafragma ascendido: matidez de la base, falta de
desplazamiento con la respiración, ausencia de transmisión de vibraciones
vocales en esa zona.
•en el caso de un pulmón enfisematoso, una crisis asmática, o un
pneumotórax: sonoridad o hipersonoridad a la percusión y disminución o
ausencia de transmisión de vibraciones vocales.
Fíjese que incluso antes de practicar la auscultación, mediante la
percusión y la palpación ya se tiene información valiosa respecto a lo que
está ocurriendo en los pulmones. De toda formas, no se sienta frustrado(a) si
las diferenciaciones no son tan claras (por ejemplo, muchas veces se
encuentran condensaciones pulmonares asociadas a derrames pleurales, y los
hallazgos al examen físico no son tan nítidos).
Auscultación.
Consiste en escuchar los ruidos que se generan en los pulmones bajo las
siguientes condiciones:
con la respiración
al emitir palabras
Los ruidos pulmonares se originan debido al paso de aire por las vías
aéreas en la medida que se generen flujos turbulentos, como ocurre en la
laringe y en la bifurcación de bronquios grandes y medianos. A medida que los
bronquios se dividen, el área de sección va aumentando, y como consecuencia,
la velocidad del flujo disminuye. Cerca de los alvéolos el flujo es laminar y
no genera ruidos.
De acuerdo a diferentes estudios, los ruidos que se auscultan en la
superficie de la pared torácica se generan en los bronquios mayores,
principalmente lobares y segmentarios. Los ruidos que llegan a la periferia
son de baja frecuencia, ya que el pulmón sirve de filtro para los sonidos de
alta frecuencia.
Al auscultar los pulmones se deben cubrir todos los sectores, sin olvidar
de auscultar debajo de las axilas. Tal como debe ocurrir con la palpación y
la percusión, con la auscultación también se deben comparar los hallazgos de
un lado con los del otro lado.
Habitualmente se ausculta con la membrana del estetoscopio y se le
solicita al paciente que respire por la boca y más profundo. Esto permite
escuchar los ruidos en forma más nítida. En todo caso, es necesario saber
adaptarse a ciertas condiciones que presentan algunos enfermos: pacientes con
sus facultades mentales comprometidas que no colaboran, el caso de los niños
pequeños, personas que generan ruidos a nivel de la garganta cuando respiran,
etc.
Ruidos pulmonares:
Ruidos normales que ocurren durante la respiración:
ruido traqueal: es el sonido normal que se escucha al poner el
estetoscopio en el cuello, por delante de la tráquea. Se ausculta durante la
inspiración y la espiración.
ruido traqueobronquial: es parecido al ruido traqueal, pero menos
intenso, ya que se ausculta a nivel de los grandes bronquios: primer y
segundo espacio intercostal, por delante del tórax, y en la región
interescapular, en la espalda.
murmullo pulmonar (antiguamente se le llamaba murmullo vesicular):
es un ruido de baja intensidad y corresponde al sonido que logra llegar a la
pared torácica después del filtro que ejerce el pulmón. Es suave y se
ausculta durante la inspiración en el área que ocupan los pulmones, tanto por
delante, por los costados y en la espalda (se excluyen las zonas en las que
se auscultan el ruido traqueal y el traquiobronquial).
Existen condiciones que hacen que el murmullo pulmonar se escuche más
atenuado o simplemente no se escuche. Algunas de estas condiciones son:
por obstrucción de grandes bronquios
por destrucción del parénquima pulmonar (por ejemplo, en un enfisema)
por estar ocupado los espaciones alveolares (por ejemplo, por una
neumonía)
por aire en el espacio pleural (pneumotórax)
por un extenso derrame pleural
por un panículo adiposo muy grueso
Transmisión de la voz:
|
http://escuela.med.puc.cl/Publ/ManualSemiologia/260ExamenPulmonar.htm
miércoles, 21 de marzo de 2012
examen de las mamas
INSPECCIÓN DE LA MAMA
FORMA
TAMAÑO
SIMETRÍA
CONTORNO
TUMORACIÓN
Depresiones
COLOR Y TEXTURA DE LA PIEL
DISTRIBUCIÓN
VENOSA
LESIONES
PEZONES SUP
POSICIONES:
Sentada, brazos a los lados y luego con brazos elevados por encima de la
cabeza
Piel: buscar venas dilatadas, enrojecimiento,
edema o retracción
contorno: desde
pliegue axilar anterior hasta la línea media.
Aréola : zona pigmentada que rodea el pezón.
Grietas o fisuras.
PALPACION DE LA GLÁNDULA
MAMARIA
TÉCNICA
- decúbito dorsal
- pulpejo de los dedos
PALPACION
Ultimo– palpación región infraclavicular y supraclavicular
INSPECCIÓN DE LA MAMA
FORMA
TAMAÑO
SIMETRÍA
CONTORNO
TUMORACIÓN
Depresiones
COLOR Y TEXTURA DE LA PIEL
DISTRIBUCIÓN
VENOSA
LESIONES
PEZONES SUP
POSICIONES:
Sentada, brazos a los lados y luego con brazos elevados por encima de la
cabeza
Piel: buscar venas dilatadas, enrojecimiento,
edema o retracción
contorno: desde
pliegue axilar anterior hasta la línea media.
Aréola : zona pigmentada que rodea el pezón.
Prominencias pequeñas, glándulas sebáceas (tubérculos de Montgomery)
EXAMEN FISICO INSPERCION
Aspecto y orientación de los pezones,
Deformaciones o retracciones.
Grietas o fisuras.
Compromiso de la piel.
PALPACION DE LA GLÁNDULA
MAMARIA
TÉCNICA
- decúbito dorsal
- pulpejo de los dedos
Cuadrantes (4) dos líneas virtuales transversales que pasan por el pezón.
Tejido glandular en su mayoría ubicado en el CSE, se prolonga hacia la axila formando una cola.
El drenaje linfático se efectúa principalmente a la axila.
PALPACION
NODULO :
Ubicación :.
Tamaño : se expresa en centímetros.
- Forma : redonda, alargada, estrellada, etc .
- Consistencia : blanda, elástica, fluctuante, dura .
- Bordes : bien definidos o difíciles de precisar .
- Adherencias con estructuras vecinas.
- Enfermedad fibroquística.
Fibroadenomas : lesiones de bordes nítidos más frecuentes en mujeres jóvenes.
Cáncer : en general es nódulo duro, bordes poco definidos, fijo piel o planos
profundos
Ultimo– palpación región infraclavicular y supraclavicular
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
.jpg)
.jpg)


.jpg)








.jpg)


